
Es el equipo de moda en toda Europa. Su clasificación para las semifinales de la Liga de Campeones le ha colocado en la primera fila internacional y todos los modestos quieren seguir su estela. Nosotros les facilitamos el trabajo. Así funciona por dentro el 'Submarino Amarillo'.
Redacción -13:15:59 - 17/04/2006
COMO UNA PIÑA
«El Villarreal es un sentimiento y los sentimientos ni se compran ni se venden. Los verdaderos propietarios del club son los que tienen esos sentimientos». Suenan sinceras las palabras del presidente, que es consciente de que el más difícil está a la vuelta de la esquina. El listón ha subido demasiado alto y las pértigas de lanzamiento tienen unas medidas y no se pueden alargar. Pero en eso está la familia Roig. Padre, hijo e hija al servicio del club. Al frente de esos 17.000 abonados, 10.000 de la ciudad -la tercera parte de los habitantes- y 7.000 de la provincia.
Lo difícil ahora es crecer. No porque El Madrigal no pase de los 22.000 asientos y no se piense en un estadio nuevo, sino porque hay que ampliar las fronteras. Hay que ganarse a la juventud de la provincia, a esos que están menos arraigados al Castellón, y a los emigrantes, a los argentinos que se identifican con Riquelme y Sorín, a los chilenos que ven como un dios a Pellegrini y a los mexicanos que cantan rancheras al Guille Franco.
UNA AFICIÓN FIEL Y DEPORTIVA
El crecimiento está siendo lento, pero seguro. Los menores de 26 años encuentran abonos de temporada por 180 euros sin día del club. La política es clara. «Que pague quien tiene», y por eso los «vips» se van a los 4.000 del ala. Y cuando el Madrid, el Valencia o el Barcelona visitan Villarreal, entradas a 150 euros. «Si encima nos vienen a ganar, por lo menos que paguen», se le escapa al presidente, orgulloso de su baremo de precios.
Algo de lo que también presume Fernando Roig es de que su club es el único de Primera que no tiene un grupo ultra. La pequeña sección que existía años atrás quedó extinguida. El Madrigal debe ser un sitio de gozo donde la familia al completo, abuelos, padres e hijos, disfruten del fútbol. Y por si el estadio se queda pequeño, ya están trazados los planos para una pequeña ampliación, cuatro o cinco mil localidades más, dentro de un proyecto común con el Ayuntamiento en las cercanías del recinto.
LA FÁBRICA DE SUEÑOS
Claro que lo que más le gusta lucir, además de equipo y afición, es su Ciudad Deportiva, su residencia, sus veinte ojeadores distribuidos por toda España que informan y reclutan chavales para la fábrica. En la nueva residencia ya hay noventa adolescentes de entre 14 y 18 años que, además de jugar a ser como Arzo, Font o Cazorla -los tres canteranos que se hacen hueco en el primer equipo-, tienen que formarse como hombres.
En esa Ciudad Deportiva se les educa y quien no tenga un comportamiento digno es expulsado, por muy bueno que sea con el balón. Todos los equipos de la cantera se mueven bajo el patrón del primer equipo y todos los entrenadores saben que el balón es preferencial y el juego combinativo y de ataque, la razón de ser. El objetivo es que el filial, el Villarreal B, que ha llegado a Tercera desde la nada, ascienda a Segunda B o a Segunda. La plantilla del primer equipo no tendrá la temporada próxima más de veinte profesionales; las otras plazas serán para los jugadores de la cantera que se lo ganen. Además, con las fichas y sueldos de tres jugadores se paga toda la inversión en las divisiones inferiores. Quien algo quiere, algo le cuesta.
TRABAJO EN ARMONÍA
En las oficinas del club trabajan 18 o 20 personas a las órdenes de Fernando Roig hijo, que ejerce de director general. Su hermana, Elena, es la responsable de las Relaciones Externas y también hay una jefa de Prensa (Marian Solsona) y un jefe de marketing, que se siente orgulloso de haber vendido 10.000 camisetas, el cuarto club de la Liga Profesional. Casi todos hacen de todo; el mejor ejemplo es el veterano Basauri, que es el entrenador de porteros y el delegado del equipo.
Si el Villarreal es futbolísticamente lo que es al día de hoy la causa es el ojo-lince de su director deportivo, José Manuel Llaneza. Ya estaba en la anterior etapa y a él se debe, por ejemplo, que desapareciera la promoción de ascenso a Primera y subieran tres equipos directamente, lo que permitió al equipo ascender al año siguiente de bajar (1999). A su lado, siempre cerca, el incombustible Paquito, el recurso para el banquillo cuando las cosas han ido mal y el sabio que aporta su tremenda experiencia. Salvo el primer y el segundo entrenador, y ahora que ha llegado un recuperador del River Plate, el resto de técnicos y especialistas son del club.
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