
Del «Showtime» en la primera mitad y ganar por 24 en el segundo cuarto a perder el partido en una desastrosa segunda mitad.
VMT -17:38:52 - 14/06/2008
Los Lakers de Gasol rompieron la racha en el Staples Center, donde no caían desde el 28 de marzo, pero ahora han tirado por la borda la final. El golpe es duro. Y se nota en el vestuario tras el partido. Hay un silencio que pesa. Gasol ocupa la primera taquilla de la izquierda según se entra al santuario angelino, junto a Dereck Fisher, el veterano base desaprovechado en el cuarto partido por Phil Jackson en beneficio de un alocado Jordan Farmar. Los grandes triunfadores también se equivocan. Son taquillas abiertas, llenas de perchas en las que los jugadores cuelgan las diferentes camisetas y el chándal. Lociones para el afeitado y champú pueden verse en la repisa de los armarios de madera.
En una sala contigua se observa, al abrirse un momento la puerta, a Kobe Bryant tendido en la camilla boca abajo y recibiendo un masaje que descargue los músculos. Una «fisio» le dice algo al oído. Tiene los ojos cerrados. Los jugadores están muy tocados: «No hemos jugado una mierda», afirma Gasol furioso algo más tarde ya en la sala de prensa.
Los periodistas forman cola para cuando se abra la puerta del vestuario de los Lakers, una media hora después del encuentro. Hablan allí mismo ,ante su taquilla, los jugadores que no han de comparecer en la enorme y repleta sala de prensa habilitada para la ocasión en el Staples. El silencio es lo que más impone al entrar en ese santuario sagrado de un equipo.
Lamar Odom es el primero en hablar delante de su taquilla. Lo hace en voz baja. Despacio. Los periodistas se arremolinan a su alrededor. Los hispanos de Los Ángeles y los españoles están aguardando en el pasillo a que salga Gasol: «Es difícil digerirlo, hemos de salir a ganar el quinto partido y con confianza. Nos ha pasado más veces que cuando vamos muy arriba en el marcador nos relajamos. Esto no está perdido. Yo he estado algo irregular y me ha faltado algo de fuerza en la segunda parte», dice el español. Cerca de Gasol siempre hay un tipo alto, de pelo corto y algo calvo. Un empleado de los Lakers con el gesto permanentemente serio y que se encarga de «cortar» las preguntas cuando cree agotado el tiempo. Gasol acepta las reglas de juego.
«Nos meamos en la cama»
Los Lakers buscarán forzar el sexto partido. Eso o adiós en la madrugada (española) del lunes de nuevo en Los Ángeles. Kobe Bryant no sabe cómo anestesiar el dolor y recuperarse del mazazo: «Maldiciendo toda la noche, con mucho vino, con mucha cerveza, con varios chupitos, a lo mejor veinte, digerirlo y volver a trabajar mañana, no hay nada más que puedas hacer. Nos meamos en la cama, una grande que no podíamos estropear». El domingo. Kobe Bryant puede dar miedo.
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