
Las distancias entre los dos conceptos de baloncesto, el europeo y el americano, se han estrechado, aunque tampoco hay que negar la evidencia.
VMT -08:25:32 - 30/10/2007
La competición norteamericana que hoy comienza sigue siendo la mejor y por eso acuden a ella los mejores jugadores. Desde hace poco los extranjeros viajan a Estados Unidos y Canadá, mientras que desde siempre ha habido estadounidenses a este lado del Atlántico. Con planteamientos diferentes, pero con filosofías similares: entrenarse, ganar partidos y vivir cómodamente.
Un buen ejemplo de esto es Darko Milicic. Por aquellas cosas del destino llegó a Detroit como número dos del «draft» y se convirtió en el más joven en ganar un anillo. Pero ahí acabó su fortuna. Su carrera ha ido de mal en peor y ha pasado en tres años de jugar en el campeón a hacerlo en el último. En Memphis tratará de darle un giro a su vida. «A mí no me influye mucho estar en una ciudad grande como Detroit, en una mediana como Orlando o en una pequeña como Memphis. Me gustan los sitios bonitos pero, para mí, sólo se trata de un trabajo. Intento sentirme como en casa en cada nuevo lugar al que voy, pero no hago mucha vida social».
Tres ciudades, dos anillos
También ha vivido en tres ciudades Rasho Nesterovic y sus dos anillos como europeo sólo los superan Tony Parker y Tony Kukoc, con tres. «Lo difícil no fue tanto adaptarme al juego como al estilo de vida, a la comida, a la cultura... Allí todo es más grande y necesitas casi un año para acoplarte a todo». El esloveno pasó cinco campañas en Minneapolis antes de que le llegara su mejor momento en San Antonio. Además, pasar de la fría Minnesota a la cálida Tejas o a la cosmopolita Toronto siempre ayuda para mejorar el ánimo.
El caso opuesto lo forman los americanos que salen de su país, bien porque no tienen sitio en la NBA o porque tienen ganas de ver mundo. «Quizá mi caso no sea muy representativo -afirma Charles Smith, alero del Real Madrid- porque a mí siempre me ha gustado viajar, conocer otros países y distintas culturas. Evidentemente, siempre preferiré estar en mi casa, pero también me siento cómodo fuera». Después de jugar en cinco franquicias de la NBA, en Italia, Grecia, Turquía y España, tiene clara una cosa: hay que tener la maleta preparada, pero también disfrutar de cada lugar.
Auténticos trotamundos
La misma visión de trotamundos tiene Larry Lewis, que esta campaña, en Estudiantes, por primera vez se ve alejado del mar. Natural de Los Ángeles, ha jugado en República Dominicana, Chipre, Japón y, dentro de España, en Tenerife, Las Palmas, Málaga y Alicante. Lewis recuerda su pasado nipón con orgullo, pero reconoce que se vive mejor en España: «La gente es muy expresiva y parece estar siempre contenta; Me he adaptado muy bien aquí, ¡sobre todo a dormir la siesta!»
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