
El ciclista francés supo que sufría un cáncer testicular en junio de 2007, justo el día de su 28 cumpleaños; pasó por el quirófano, se recuperó y ha vuelto a competir en la Challenge de Mallorca.
VMT -13:27:45 - 13/02/2008
Cáncer. Hay palabras que siempre llegan a deshora. El francés Sebastián Joly la escuchó el pasado 25 de junio. Venía de la contrarreloj por equipos de Eindhoven y se dirigía hacia el Tour. Era un día especial. El de su cumpleaños: 28. Tan joven. Una palabra bastó para que se sintiera un anciano. Con la sensación de que el final estaba en la puerta. A deshora, como siempre.
Unos días antes había notado unas molestias en los testículos. Punzada. Nada grave. Las decenas de controles sanguíneos que pasa al año no habían detectado ninguna anomalía. De repente apareció una pequeña erupción. La mañana de su cumpleaños lo escuchó en la voz del médico de La Française des Jeux: Cáncer. "Fue el momento más difícil. Pasé de estar arriba a estar totalmente abajo". Tenía 28 años. 28, como ayer, que a punto estuvo de sorprender a los velocistas en las calles de Alcudia. 28, como esta semana, que ha vuelto a ser ciclista en la Challenge de Mallorca. "Sí, pero en estos meses he cambiado, he envejecido". Más maduro. Más duro. "Sé que a partir de ahora seré más fuerte mentalmente". En junio de 2007 su dorsal era un número borrado. Acaba de volver a rotularlo. Retorno en la isla.
Todo se precipitó. 2007 iba bien. Había sido tercero en el prólogo de la París-Niza, octavo en el Criterium Internacional... Y ganador de la París-Camembert. Al fin descorchaba su talento. El Tour le esperaba. El 3 de julio, cuando la Grande Boucle estaba en Londres, Joly entraba en un quirófano del hospital de Lyón. "Mi vida ha girado siempre en torno a la bici. Era un atleta a tiempo completo. Y sano. "Cáncer" es una palabra que asusta", repite. Despertó. Inició las sesiones de radioterapia. Esquivó las de quimioterapia. Pero no pudo sostener la moral: "Caí en una depresión". Apagado. Hasta que vio a los niños del hospital. El cáncer, si no mata, alimenta: refuerza. "Lo que más me impresionó fue ver a los niños enfermos". A deshora, más que nunca. Niños. No podían, pero reían. Ahora Joly colabora con un par de asociaciones en la lucha contra la enfermedad.
Pasó ese verano con una corona de manos en la cabeza. Hundido. Perdió peso, músculo. Vio el Tour por la televisión. "Me animaba". En septiembre comenzó a pedalear para renacer. En noviembre se unió a sus compañeros de equipo en una concentración de ciclocross. "Reencontrarme con ellos fue fabuloso". Otra vez ciclista. "El ciclismo es una verdadera familia. No dejé de recibir mensajes de ánimo". Incluido el de Lance Armstrong, también atacado por un cáncer testicular. El campeón estadounidense le envió un "e-mail" para ofrecerle ayuda. "Le respondí en francés porque no tenía fuerzas ni para escribir en inglés. Le agradecí el gesto y le dije que estaba en buenas manos, que confiaba en los doctores que me trataban".
Como Armstrong
Ya le comparan. Armstrong salió del cáncer más poderoso aún. Inalcanzable para el resto y ganó siete Tours. Único. "No soy el Armstrong francés. Sólo tenemos en común el cáncer. Y en el fondo mi vida no llegó a estar en peligro. Sé que ahora dirán que puedo ganar el Tour, pero Armstrong antes del Tour ya había sido campeón del mundo con 21 años". Nada que ver. "Sólo soy un ciclista francés más, que espera mejorar". Ayer rozó la victoria en Alcudia. Pese a haber perdido seis kilos. En la primera concentración del equipo se presentó con la ropa de la temporada anterior. Le sobraba por todos los lados. "No sé cuánto tiempo tardaré, pero volveré a ser competitivo", dijo entontes. Lo es desde la primera carrera de su segunda etapa.
"Ahora amo la vida y la bicicleta más que antes". Durante los meses de la enfermedad halló consuelo en internet. Compartió su dolor con otros enfermos. Con otros deportistas afectados. Pasó miedo leyendo las historias con final trágico y se emocionó con los finales felices. Memorizó las características de su cáncer, calculó un millón de veces las probabilidades de volver a ser el mismo. Su verano de siempre había sido el Tour; ahora era el cáncer. La palabra maldita, siempre dispuesta a cavar una tumba. Sebastián Joly se somete a una revisión cada tres meses. "Mi objetivo ahora no es ser mejor ciclista que antes, sino el que era". Mallorca comprueba que ya lo es. Con los mismos años, 28, aunque con el peso en la edad que da esquivar al cáncer. Rueda en otra etapa.
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