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El Tour prefiere a Evans

El líder, pese a su perfil de ‘antihéroe’, despierta simpatías en Francia y desvela a Australia.

VMT -13:55:16 - 15/07/2008

Con el crédito del ciclismo puesto entre paréntesis a cada nuevo escándalo, Francia ha puesto su fe en un australiano: Cadel Evans. «Un campeón creíble», dicen. Sigiloso, sin brillo, oculto siempre a la rueda de los más atrevidos. Lapa. El ‘antihéroe’ ciclista. Y aún así, el preferido de la organización del Tour. Su preparador es Aldo Sassi, antiguo gurú del Mapei. Con él, Evans estuvo cerca de ganar el Giro de 2002. «El Tour de 2003 ó 2004 será suyo», vaticinó. Falló. Sin decirlo claro, Sassi deja entrever que «la medicina» alteró en esa época las clasificaciones. ¿Y ahora? «Cadel es el mismo. Lo que ha cambiado es el ciclismo». A mejor. Francia le cree. Y Australia, claro.

Australia es una potencia ciclista silenciosa. De su paso por el Tour suena Phil Anderson, líder temporal del Tour 1981. Su huella la siguieron muchos: McEwen, O’Grady, Cooke, McGee, Rogers... y Evans. En 2007, Australia fue el tercer país en la lista de potencias del UCI Pro Tour. Y en los Juegos de Atenas abrumó: seis oros, dos platas y dos bronces.

Evans es el viejo espíritu antípoda. Un individualista. Hijo de colonos al que sus padres pusieron de nombre el de un viejo guerrero galés. Un salvaje que creció entre caballos. Indio. Al ciclismo bajó desde el monte: la mountain bike. Al galope.

Ahí le conoció Sassi. Fue a ver a otro especialista en mountain bike y se fijó en Evans. Lo recomendó para el Mapei. Los ‘bikers’ suelen tener tener a favor la relación peso/potencia. Evans se queda en 67 kilos. A siete vatios por kilo. Total: 469 vatios. Bien. Al nivel de Tonkov o Garzelli, entonces aspirantes al Giro. Sólo hacía falta alargar su horario de esfuerzo: de las dos horas del mountain bike a la duración de un Tour. Eso lo hicieron juntos: Sassi y Evans. Sin saltos extraños. En progresión. Por eso le creen Francia y el Tour. Paradójico deporte. Uno de los avales de Evans es que casi nunca gana: no fue campeón del mundo de mountain bike; perdió el Giro de 2002 por un desfallecimiento en el alto de Folgaria, y en el Tour ha sido octavo, quinto y, en 2007, segundo. A 23 segundos de Contador.

Gestor de su fuerza

Evans es un gestor de su fuerza. No malgasta. Puntilloso con el material, con la comida. Ha impuesto un dietista, un cocinero... «Tengo que minimizar la pérdida de segundos hasta París», dice. Es su catón. Por eso vive entre la altitud de Sierra Nevada y la del Stelvio. Por eso también hace tiempo que exprime hasta el límite el limón de su organismo. Pedalea sobre bielas independientes. El sistema ‘Powercranks’. La pierna izquierda no ayuda a la derecha. Y al revés. Así, la fuerza se reparte mejor entre los músculos (isquios y cuádriceps).

Francia le espera. Evans fue descartado en favor del colombiano Botero, uno de los supuestos clientes de Eufemiano Fuentes, el doctor de la ‘Operación Puerto’. En el país del Tour, eso le avala. Y Australia le quiere. «Yo no vi el Tour hasta 1995», confiesa. Allá, la televisión sólo ofrecía un escueto resumen de la ‘era Induráin’. Desde el año pasado, la retransmisión es en directo.

De madrugada por el cambio horario. Da igual. Un país en vela. «Por mi culpa, la productividad ha descendido en julio», bromea Evans. «La gente se duerme luego en las oficinas». Por verle. Ayer lloró en el podio de Hautacam. «Por lo que significa esto para mí y para Australia». Sueño.

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