
Tiene 34 años, va a terminar las tres grandes pruebas del calendario y quiere seguir dos años más como profesional para pagar sus viñedos.
VMT -12:03:43 - 19/09/2008
Marzio Bruseghin es uno de esos descubrimientos que se hacen en el mundo del ciclismo, del deporte, cuando se puede hablar con una persona rodeado de una cierta tranquilidad. Tercero en la general del último Giro, se encuentra en la Vuelta a España corriendo su tercera gran prueba del calendario en 2008. No sabe bien las razones de la "pelea" en la que se ha metido. "Estaba previsto que tenía que hacer el Giro a tope, disputarlo. Mi otra carrera era la Vuelta, pero me pidió el equipo que si podía echar una mano a Cunego en el Tour. Y allí fui. Me venía bien para luego ir a los Juegos Olímpicos. La Vuelta me viene bien para ir al Mundial", explicaba.
Se le han ido encadenando situaciones hasta conducirle al punto sin retorno en el que se encuentra actualmente: "La idea inicial era no terminar la carrera y aquí estoy. Para lo que queda llegaré a Madrid. Una vez en la vida se pueden correr las tres grandes".
Prefiere estar tres semanas en la Vuelta que hacer Alemania, Polonia y otras pruebas. "He hecho muchas veces el doblete Giro-Tour (cinco). Estoy en plena madurez (34 años) y es el momento de poder correr las tres grandes. Física y mentalmente estoy bien". Dice que las etapas de la Vuelta no se le hacen largas, "pero los días pasan muy lentos, no se terminan nunca".
Mucho ruido
De las tres, la que menos le gusta es el Tour: "Es una carrera por la que no tengo ninguna simpatía. Su estructura, el ruido, todo lo que le rodea. La gente es muy fría. La Vuelta es la más relajada, la que menos público hay en salidas y llegadas. El Giro es la más caliente. Los aficionados convierten cada etapa en una fiesta". Pensaba dejar el ciclismo a finales de esta temporada, pero va a seguir dos años más por lo menos: "Necesito el dinero (comenta sonriendo). He invertido en una hacienda agrícola, para hacer vino, en Vittorio Veneto, y allí me retiraré cuando termine en este deporte. Voy a seguir corriendo más por necesidad que por ganas de hacerlo".
De esa propiedad ya sale un vino que se llama Amets (sueño en euskera): "¿Por qué le puse ese nombre? La cultura vasca es algo que me ha interesado mucho y decidí ponerle ese nombre. Vittorio Veneto es parecido al País Vasco". Se siente orgulloso de ser del Veneto, una zona con mucha fuerza económica: "En las etiquetas de las botellas están todos los datos del vino, de quien lo produce".
Se le nota que es una persona especial. Cuando se baja de la bicicleta prácticamente se olvida de este deporte: "Entreno, pero no sigo las carreras, ni los periódicos para ver lo que hacen otros ciclistas. Necesito mi mundo".
En la Vuelta a España está disfrutando viendo vinos, y viñedos: "Es distinto que en Italia. Aquí hay gran cantidad de hectáreas, zonas en las que no se ve un pueblo. En Italia hay explotaciones más familiares". También ha visto perdices al ir por la carretera: "Cuando aparecen los helicópteros suelen salir y levantan el vuelo.
Me gusta mucho la caza. He observado zonas impresionantes para cazar. Octubre y noviembre son dos meses que los dedico para mis cosas, en los que no cojo la bicicleta para nada. Me pierdo en la hacienda, en el monte, con los amigos. Hay más vida después del ciclismo". Cuida de sus animales: "Tengo 24 burros, de distintas razas, pero todos italianos, a los que me gusta cuidar". No se queja por correr las tres grandes, "las he corrido porque he querido. El ciclismo me ha permitido conocer gente, ganarme el sustento, pero también necesito aislarme".
La apuesta de San Boldo
En una persona como Bruseghin también hay una prueba especial: la subida a San Boldo, un puerto que el ejército austríaco consiguió abrir en 100 días después de horadar una carretera con seis curvas en la piedra, cerca de donde vive. Es una carrera con apuestas. "El primer año yo subí vestido de cazador, en una bici de montaña. El segundo año subimos en tándem. Pellizzotti subió vestido de delfín. El tercer año atamos tres bicicletas con cuerdas. Yo subí vestido de mujer y Patxi y un amigo mío, de hombres antiguos. El año pasado ascendimos con péndales de la playa. Cada vez va más gente a ver la prueba y al final tendremos que pedir permiso para hace la carrera. Tampoco podemos
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