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El puerto que hizo sufrir a Induráin

Bahamontes y Millar son los únicos que han coronado en cabeza los 2.802 metros de la Bonette-Restefond.

VMT -11:55:47 - 22/07/2008

Relato de un periodista testigo de la Bonette-Restefond, en el Tour de 1993: "Recuerdo el silencio. Casi absoluto. Sin viento. Sin aire. Sin vegetación. Sólo sol y piedra. Los coches tenían prohibido tocar la bocina porque es un parque natural. Recuerdo a Induráin, trágico, con el maillot abierto. Como Rominger, como todos. Lentos. Boquiabiertos. Luego me contaron que no se habían atacado. Que a esa altitud sólo se puede subir a un ritmo, como podían". Vio pasar primero a Robert Millar. Y a minuto y pico, a Rominger e Induráin, camino de su tercer Tour. Todos con el lazo de asfalto de la Bonette al cuello. Ahogo. "Es el puerto que más me ha hecho sufrir en el Tour". Lo dijo Induráin. Esa frase talla al coloso. Alto: 2.802 metros. Donde el oxígeno escasea. La luna alpina. Más elevada que el Galibier (2.645 metros) o el Iseran (2.770). Hoy vuelve allí el Tour.

A la Bonette le puso camino el emperador Napoleón III, en 1861. Quería un acceso directo entre el mar de Niza y el corazón de los Alpes, Briançon. Una vía para las mulas. Eso fue hasta mediado el pasado siglo. Hasta que llegó el asfalto. Por eso es una montaña joven en el Tour. Sin más historia que tres pasos. Y los dos primeros tuvieron el mismo nombre: Federico Martín Bahamontes. Claro. En 1962, fue el primero por la cara sur (etapa Juan les Pins-Briançon), y en 1964, por su lado norte (etapa Briançon-Mónaco).

La Bonette (25 kilómetros, al 6,5% de desnivel) resume bien la historia de Bahamontes. Lo bueno y lo malo. Castellano que comió del hambre de la postguerra. Repartidor a pedales por las calles pinas de Toledo. Con sacos de patatas al hombro. Con aquel pañuelo de cuatro puntas. Con la arrogancia de pararse, por ejemplo, en la cima de la Romeyére a lamer un helado. En1962 hizo algo parecido en el estreno de la Bonette-Restefond. "Este puerto con su pico granítico sobrepasa todos los fenómenos de la naturaleza propuestos a los ciclistas", escribió Jacques Goddet, que fue patrón de la Grande Boucle. Bahamontes coronó primero; a casi dos minutos, pasó Pauwels,y Gaul, a tres y medio. El "viejo" Bahamontes (34 años). Épico, otra vez. Y también desesperante. Le cogió miedo al descenso. "Bajó como un jubilado", maldijo Goddet. Las dos caras del "Aguila de Toledo". Las dos primeras ascensiones fueron suyas.

La tercera es de Robert Millar. La última hasta hoy. La que vio penar a Induráin. La de los ciclistas en silencio. Fue la etapa entre Serre Chevalier e Isola 2000, con la Bonette como antesala del final en la estación de esquí. Por arriba pasó Millar. Hace década y medio. Tiempo de sobra para cambiar. Hoy Millar tiene 49 años, se llama Philippa York y es vecina de Dorset, al sur de Inglaterra. Cuando cruzó solo la Bonette tenía una esposa francesa y dos hijos. Ahora está casado con su nueva mujer, Linda Purr. Cambio de sexo. De época. Hoy, el Tour vuelve a quel escenario. Millar domó la Bonette, pero no tuvo fuerzas para Isola 2000. Allí, el primero fue Rominger, con Induráin a rueda. Luego llegaron más, como Chiapucci, Jaskula, Riss, Delgado, Mejía... "Este puerto mata lentamente", definió Antoine Blondin, cronista entonces del diario "L"Equipe". Y en quince años de ausencia ya hecho hambre de nuevas víctimas.

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