
Menchov fue captado por el Banesto con 19 años y desde entonces ha vivido y se ha hecho ciclista en Navarra.
Vocento VMT -13:34:20 - 24/09/2007
Se puede ser ruso y navarro a la vez. Nacer en Orel, a 350 kilómetros al sur de Moscú, y vivir en Pamplona, al lado de Induráin. Es posible. Hay un precedente: Denis Menchov, el primer ruso que gana la Vuelta a España.
Ruso es. Frío. "Duerme como un tronco. No acumula presión", cuenta Pedro Horrillo, compañero en el Rabobank. "Yo no paro quieto en la habitación y él está siempre tumbado. Lo deja todo a mano para no levantarse". Líder tranquilo. Íntimo. Cuenta Echávarri, su antiguo director, que cuando Menchov ganó el Tour del Porvenir, en 2001, el Banesto invitó a toda la plantilla a la fiesta de fin de curso, justo después de la Vuelta. En Madrid. Todos aceptaron. Menos el ruso. "Es que tengo una boda", alegó. En el equipo se extrañaron. "¿Es más importante la boda de un amigo que estar con nosotros?", le cuestionaron. Silencio en el teféfono. Y respuesta: "Es que estoy en Moscú. La boda es la mía". Nadie lo sabía.
El rastro ruso de Menchov viene de lejos. De una escuela de Orel. El deporte soviético no dejaba hueco a la improvisación. Los cazatalentos peinaban las aulas. Todo por el régimen. Uno de ellos localizó a un chaval de flequillo, de 12 años. Hijo de un mecánico y una tendera. Le subió a una bici. Le apuntó a una contrarreloj de 5 kilómetros. Ganó. "Tú, a la escuela de ciclismo". Así ingresó en el CSKA de Moscú, en el equipo del ejército. Del deporte que iba ser su vida sólo le sonaban algunos nombres: un tal Induráin, un tal Rominger. Más tarde, cuando fichó por el Lada-Samara, inició el viaje a Pamplona. Metamorfosis navarra.
En realidad, ese tránsito había empezado mucho antes. Sin saberlo Denis. En 1982. Echávarri, aún con el incipiente equipo Reynolds, buscó un traductor francés. Un bastón para el idioma del Tour. Lo encontró en el Vélo-Club de Biarritz: Francis Lafargue. Le contrató sólo para ese mes de julio. Hoy siguen juntos. Menchov tenía cuatro años, pero su futuro estaba en marcha. En 1998, Lafargue ocupaba la cuneta de una prueba amateur francesa. En los Pirineos. Menchov le imantó. Inmediatamente llamó a Echávarri. "Hay un chaval ruso...". Al año siguiente, estaba ya en la residencia Larrabide, en Pamplona. Solo, con su maleta. "No sabía ni una palabra de castellano", recuerda. Bautismo navarro.
Pronto tuvo familia ciclista: Zandio, Koldo Gil, Bru, Egoi Martínez, Arrieta... "En Rusia la gente no es tan abierta y a los de fuera no se les ponen tan fáciles las cosas", agradece. "Venían a buscarme a la residencia, me invitaban a cenar". Menchov se dividió: las mañanas para subir las rampas de Etxauri y las tardes para los libros, para deletrear el idioma de sus nuevos amigos. En seis meses lo hablaba. "Me la suda". Fue su primera gran frase. Sigue con ella, ahora que ya es navarro. Tanto que como fondo de pantalla de su teléfono móvil coloca a veces la foto de un chuletón. Su vicio. "En los entrenamientos es como nosotros, se pica, se para a tomar una "Coca Cola". Los rusos son más metódicos, más de pulsómetros y eso", compara Horrillo.
La Vuelta de 2005
Ruso de nacimiento, navarro de profesión. Ahora que los equipos ciclistas disponen de lavadoras, Menchov pasa algunas tardes en el hotel dale que te dale al agua y al jabón. En el lavabo. Calcetines, maillot y culotte. "Me relaja". De su origen le queda ese mundo interior. Siempre ha rumiado sus reacciones antes de descorcharlas. En 2005, cuando acabó segundo tras Roberto Heras en la Vuelta, no se quedó a la fiesta. Cogió un avión y a las nueve de la noche estaba en Mutilva Alta, en su casa junto a Pamplona. Días antes había perdido esa carrera por autosuficiencia, por enredarse con la cremallera del chubasquero mientras Heras le atacaba en el descenso de la Colladiella. "Ya le cogeré". Pero no. Ahí se apagó su cerebro ruso. Desconectó de la Vuelta. Sólo corría para ganar. No se viene desde Orel a Pamplona para ser segundo. "Esa derrota le dio madurez", recuerda Horrillo.
"Siempre he querido ser un hombre Tour", repite Menchov. En eso es navarro. Induráin. A los 25 años, en su tercera Grande Boucle, acabó decimoprimero y con el maillot blanco de mejor joven. Era el anuncio de algo que aún no ha llegado. "Lo ganará un día", pronosticó Echávarri. "Denis es el corredor con mayor potencial del mundo", añade uno de sus rivales y amigos, Piepoli. Pero aún no ha podido. O por enfermedad o por trabajar como este año para Rasmussen. Tiene eso pendiente: el Tour. De su otra tarea por hacer, de la Vuelta, ya se ocupó ayer. En 2005, cuando el positivo de Heras le proclamó vencedor, dijo: "No me gusta ganar así. Esto sólo sirve para las estadísticas". Ayer zanjó ese tema. Le queda el Tour. El primer ruso de la Vuelta quiere ser el siguiente navarro del Tour.
Más noticias de Ciclismo