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ciclismo

Contador, contra la alianza italiana

Ricco, Simoni y Sella anuncian ataques hoy contra el líder en las subida a Vivione y el Monte Pora.

VMT -12:55:38 - 30/05/2008

"Todos dicen que me van a atacar". En Italia, Contador es "Alberto", un nombre que allí suena familiar. "Alberto" era el estribillo del público en la meta de ayer en Varese. Contador idolatrado. El madrileño lo agradece y calla. Ya hablan Simoni, Ricco, Pellizotti o Sella. Sus advertencias de ofensivas para hoy en las cuestas de Vivione o el Monte Pora rotulan las páginas de los diarios deportivos italianos. Coalición nacional. Contador escucha, emboza los hombros y sonríe. Anda feliz. Al líder de la "corsa rosa" le va más ser protagonista del silencio. De cuando los puertos reclaman todo el oxígeno de los pulmones. De cuando a nadie le queda aliento para hablar. Hoy, en el Monte Pora, y mañana, en el Mortirolo, son dos de esos días. Valen por un Giro. Puertos de bocas abiertas, pero sólo para respirar.

Al líder (41 segundos sobre Ricco y 1.21 sobre Simoni) le sienta bien la euforia. Sereno. Pletórico. Hace tres semanas Italia no estaba en su mapa. Ayer en la meta de Varese hasta esprintó. Lo explicó: "Por si se podía "picar" algún segundo. Llevaba buenas piernas". Con ellas habla su ambición. Disfruta de una ronda en la que ni pensaba. De un regalo. Cuando tras la operación cerebral regresó al ciclismo, al Tour Down Under, agarró su primer dorsal y se hizo con él una docena de fotos. Necesitaba pruebas de su fortuna. Tocar para creer. No siempre se nace dos veces. En ese hospital aprendió a barrer sus penas y a tirar hacia delante. En silencio. Para escucharle es mejor consultar a sus músculos. Hoy y mañana hablarán frente a la supuesta coalición italiana.

Es éste un país con buen regate. Astuto. Descarado. En el Giro de 1967, un vizcaíno, Patxi Gabika, se largó con Aurelio González camino de Las Tres Cimas de Lavaredo. Voltearon una carrera empaquetada para Gimondi. Era un día de infierno blanco: frío, nevado. Al dúo del equipo KAS sólo les pudo seguir, y a distancia, un racimo de corredores italianos agarrados a los coches. Los jueces, parciales, anularon la etapa. Tongo. Cuentan que ese mismo año, Gimondi dejó atrás a Anquetil en las rampas del Tonale con la ayuda de una moto de la RAI. Cosas de la época. Como cuando a Moser y Saronni les recortaban los puertos. O como cuando Fignon perdió la edición de 1984 el último día. El francés lo tuvo todo en contra: recibió una penalización de 20 segundos por avituallamiento indebido, le suprimieron el Pordoi por una nevada de mentira y vio cómo Moser, su verdugo, era propulsado en la contrarreloj final por las aspas del helicóptero de la televisión italiana.

Contador tiene más suerte. El Giro lleva desde 1996 (ganó el ruso Tonkov) maniatado por los ciclistas locales. Ensimismado. Endogámico. El madrileño resucitó del quirófano. Y ha reavivado la carrera rosa. Hasta ha pulsado la tecla del "play" para que TVE se acuerde este fin de semana de la ronda rosa. "Alberto" es un reclamo. La afición de Varese era ayer un coro a su alrededor. "No quería venir a este Giro y ahora estoy encantado. Quiero agradecer este apoyo. Me dan más ánimos que a los corredores italianos". Lider oportuno. Listo. Italia entera le verá hoy entre Legnano y el Monte Pora: 228 kilómetros llenos de todo. De cuestas como Vivione (20 kilómetros) y de su angosto y traidor descenso. De rampas (16%) como las de Presolana. De lugares donde a veces es más necesaria la ambición que la fuerza: "No temo a las subidas. Al revés. Es mi terreno". Varese le aplaudía. Hospitalaria. Hasta llovió para ahogar el polen y calmar las alergias del líder. Hasta esprintó vestido de rosa. El discurso de sus piernas.

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