
El gigante japonés parece decidido a cambiar su política. Mientras la opulencia asoma en todas las sedes, en la escudería nipona han decidido poner un límite al derroche. Dos años para ganar carreras. Eso o tal vez el adiós.
VMT -11:01:58 - 03/01/2008
La pretemporada en la F-1 es el paraíso de la abundancia. Los fastos del optimismo alcanzan a todos, grandes y pequeños, pura fanfarria promocional. Época de ilusiones y autobombo. Hasta que la pista coloque a cada uno en su sitio -la temporada comenzará el próximo 16 de marzo en Australia- son semanas para la exaltación, para la presentación de coches, para ingenieros que echan horas sin desmayo y pilotos que no cometen ningún error de pilotaje. Así es para todos, excepto para Toyota.
El gigante japonés parece decidido a cambiar su política. Mientras la opulencia asoma en todas las sedes, en Toyota han decidido poner un límite al derroche. Dos años para ganar carreras. Eso o tal vez el adiós.
La historia de Toyota es muy curiosa. Si por inversión y millones fuese, Toyota ganaría el Mundial todos los años. El "vox populi" de la F-1 dice que los nipones gastaron el año pasado más de 300 millones de euros. Para nada. Pagaron un sueldo galáctico a Ralf Schumacher (25 millones), confiaron de nuevo en Jarno Trulli y llevaron ingenieros de Inglaterra a su sede en Colonia.
Sólo trece puntos
El resultado, un fiasco. Trece puntos entre el "hermanísimo" y el italiano. Los mismos que Alex Wurz, despedido de Williams por bajo rendimiento. Sexto año consecutivo de decepciones para quien estaba llamado a competir por la hegemonía del Mundial.
Después de seis campañas, 104 grandes premios, dos poles, seis podios, ocho pilotos, diez monoplazas y ninguna victoria, Toyota sigue donde estaba. Muy lejos de los objetivos que proclama el mayor fabricante mundial de automóviles. En su búsqueda desafortunada del éxito, la marca nipona ofreció un cheque en blanco a Fernando Alonso. El asturiano dijo no por la misma razón que flota en el ambiente del paddock. Parece una causa perdida. Este año, Toyota se ha puesto en manos de Jarno Trulli y Timo Glock para intentar el sétimo milagro.
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