
La única misión operativa de uno de los empleados de Renault en los entrenamientos que Fernando Alonso y Nelsinho Piquet vienen celebrando por la geografía española consiste en sacarles brillo a los frontales del R28.
VMT -08:29:55 - 04/02/2008
El trabajador se afana cada vez que el piloto asturiano para por el garaje y la telemetría invoca a la reunión. Es como la llamada del muecín a la oración. Se detiene el coche y tanto piloto como ingenieros se adentran en la caseta para desentrañar los misterios del monoplaza. Y mientras tanto, un hombre bien equipado con la indumentaria Renault sigue limpia que te limpia el morro del coche.
En realidad, el interior del garaje de la escudería francesa más parece un laboratorio o un quirófano preparado para una operación antes que un taller. Nadie verá esquirlas por el suelo. Y mucho menos una gota de aceite o una brizna de serrín. Un box de Fórmula 1 es un habitáculo donde tranquilamente se podría vivir.
Los agentes de seguridad del circuito han colocado un cordón de vallas para que Fernando Alonso se pueda desplazar desde el campamento móvil de Renault al garaje donde espera el R28. Y el asturiano es rutinario en sus hábitos. Llega escopetado, siempre a la carrera, y deja sus utensilios en una balda. El protector ignífugo para la cabeza, el casco azul con los dos ases del póquer -el de corazones y el de picas-, los guantes azules de Puma, el salvavidas del cuello -un Hans negro como el de todos los pilotos de Fórmula 1-, tapones para los oídos de color carne y el bidón de agua estilo ciclista. Habla con sus ingenieros, saluda a una colmena de empleados que pululan por allí e ingresa en el coche.
Es el momento en el que los ingenieros peregrinan hacia la sala de telemetría. Ocho ordenadores que esconden los secretos de las carreras. Un sistema que graba y procesa todas las variables posibles e imaginables de un coche de F1. Hasta 35 datos diferentes en la sesión que Alonso lleva a cabo. La telemetría mide la presión de los neumáticos, las revoluciones del coche, las fuerzas centrífugas que machacan el cuello del piloto, la variación de las suspensiones, y por supuesto, la velocidad.
La sala con ocho ordenadores registra cada paso de Alonso y también cada movimiento del resto de los bólidos que han saltado a la pista. Un sistema de GPS localiza a cada contrincante en cada punto del circuito a través de un sistema de colores. El ingeniero sabe lo que hace Renault, pero también Ferrari, Williams, McLaren o Force India.
Botones muy concretos
En el mundo de la sofisticación tecnológica y del derroche sin reparos en cuanto a investigación, Renault -como los demás equipos-utiliza elementos de prueba. Hoy Alonso lleva un botón en el volante de su coche para marcar datos concretos al llegar a un punto del circuito. Una frenada, el consumo de velocidad, o lo que sea, queda registrado al instante en el disco duro de los ingenieros en el mismo momento en que el asturiano pulsa el interruptor.
El exceso de información se convierte así en el principal problema de los sabios de la F1. Llega tanta cantidad, tal volumen de datos, que el poder de la síntesis se convierte en el principal aval de los buenos ingenieros. Aquel que descifra correctamente lo que transmiten los ordenadores es el que gana terreno. Cuando el piloto regresa de su excursión con el coche, ya tiene preparadas las gráficas que recogen en tres arcos las veces que ha frenado, embragado o acelerado.
Unos metros más allá, una máquina analiza las muestras de gasolina como si fuera la sangre de los ciclistas. El artefacto procesa la composición de los elementos químicos del combustible, su temperatura, su octanaje, etcétera, etcétera, para cumplir la reglamentación. Uno de los escándalos del año pasado fue la última carrera en Brasil: McLaren reclamó que los Williams y los BMW habían refrigerado la temperatura de la gasolina para ganar velocidad.
Al fondo de las instalaciones, puerta con puerta con el garaje que emplea BMW, Renault almaneca las piezas. Por allí se ven alerones, componentes del vehículo y, más allá, los dos asientos anatómicos que se adaptan perfectamente a los cuerpos de Alonso y Nelsinho Piquet. Las dos piezas han sido fabricadas el pasado diciembre en la factoría inglesa de Enstone. Y plasman en su diseño el estilo de conducción de cada piloto. El sillón de Alonso está exageradamente inclinado porque le gusta conducir casi tumbado. Y tiene marcada en la chapa negra la columna vertebral del español. El de Nelsinho tiene menos curva. El brasileño maneja el volante mucho más erguido que su compañero.
La actividad no es frenética en el epicentro del universo Renault. Hay calma. Gente profesional que conoce su trabajo y lo hace sin agobios. El mayor desgaste es para el empleado que sigue sacando brillo a la publicidad del monoplaza.
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