
De un año para otro, la Fórmula 1 ha borrado de su escritorio el apellido Schumacher.
Vocento VMT -14:39:18 - 04/10/2007
En el mes de octubre de 2006, Michael obsequió a la concurrencia con un brindis antológico en su despedida del circo, aquella carrera de Sao Paulo que coronó a Fernando Alonso campeón por segunda vez. Y doce meses más tarde, su hermano Ralf agarra el picaporte de la salida de emergencia. En una mezcla de dimisión forzada, adiós pactado en la declaración y formas políticamente correctas en el portazo, el "hermanísimo" deja Toyota. "Me marcho, no me echa el equipo", ha dicho. La Fórmula 1 se queda sin Schumacher.
El empaque del apellido ha terminado por sepultar a este alemán de andares indescifrables y malas pulgas en el trato. Ralf llegó a Toyota con el bagaje de una excitante colección de temporadas. Entre 1999 y 2003 capturó un palmarés potente, que para sí quisieran muchos inquilinos de la parrilla. Seis victorias, seis "poles", ocho vueltas rápidas, 24 podios, dos veces cuarto en el Mundial de pilotos y unos augurios alucinantes que le colocaban como competidor principal de su hermano, el Michael que abrumaba con Ferrari.
Fracaso deportivo rotundo
Su objetivo era el título mundial y no ha celebrado una sola victoria desde que desembarcó en Toyota hace tres años. Lo que se entiende por un fracaso en términos deportivos. Lo que en Fórmula 1 llamarían incumplimiento de los objetivos, en aras del lenguaje correcto que dice sin decir. "He decidido buscar un nuevo desafío", aseveró Ralf en su sitio de internet.
Le traicionó el árbol genealógico y también el salario. Fichó por Toyota en 2004 después de que el mayor productor de coches del planeta diese el salto a la Fórmula 1. "Si fuera por los millones que se gasta, Toyota sería campeón todos los años", asegura con ese estilo directo tan característico Flavio Briatore, el patrón de Renault.
El vox populi del "paddock" garantiza que la marca japonesa lo contrató por unos 20 millones anuales. No ha ganado ninguna carrera, sólo ha subido tres veces al podio (Hungría y China 2005 y Australia 2006) y hoy es el decimocuarto clasificado en la general de pilotos.
"Esperé un coche competitivo durante años", dice. Lo de siempre. Si no hay resultados, los pilotos echan la culpa al coche y los ingenieros a los pilotos. Salvo en McLaren, donde todos se echan las culpas.
Y aunque él y su gente siguen anunciando que van a mantener conversaciones con otras escuderías, que el futuro no se ha cerrado para el teutón en la Fórmula 1, no se advierten signos de que alguien vaya a retomar el caso como si fuese un juicio con una sentencia adversa. No. De Ralf Schumacher se habla en voz baja en el "paddock".
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