Cicinho es un personaje peculiar. Nacido en Pradópolis, en el interior del estado de Sao Paulo, es uno de esos futbolistas que creen que su manera de jugar no proviene del esfuerzo sino de un don de Dios. Su maleta en las concentraciones no se podría concebir sin una Biblia dentro, y no se ruboriza al reconocer que no se va a la cama sin rezar sus correspondientes oraciones.
Cuando sus compañeros matan las horas previas a los partidos retándose a la Playstation, él prefiere aislarse con sus discos de música gospel. "Además, el futbolista que lleva mi nombre en el FIFA sólo sabe correr", se queja. Siendo una persona tan tranquila, no es de extrañar que su principal diversión en su tiempo de ocio sea pescar. Así es como realmente se relaja. A solas con Dios.
Por Fernando Gonzalo
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