La vida de Antonio Cassano está de alguna forma marcada por el Santiago Bernabéu. No en vano nació justo el día en que Italia se proclamaba campeona del mundo en el coliseo blanco en 1982. Además, el delantero transalpino ya sabe lo que es jugar y marcar en Chamartin, un sueño que hizo realidad la temporada pasada cuando el sorteo emparejó al equipo italiano con el Real Madrid en la liguilla de la Champions League.
Toda su trayectoria deportiva ha estado marcada por dos factores que, en su caso, han ido de la mano: el talento y la rebeldía. Todos los técnicos que le han dirigido coinciden en sus condiciones de superdotado, pero sólo con uno no ha tenido ningún roce: Giovanni Trapattoni, que le llevó a la selección en 2003. Con el resto, Fabio Capello incluido, ha tenido roces de altura que le han apartado del camino del éxito.
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