La muerte del australiano Andy Caldecott, la última víctima del Dakar, ha dejado un profundo vacío entre los corredores y la organización. Y es que no era un piloto que pasara desapercibido. El motorista probó suerte por primera vez en la edición de 2004, donde escribió una de esas historias que tardan mucho tiempo en olvidarse.
Tras ganar una etapa, tuvo la mala suerte de fracturarse un tobillo en la jornada siguiente. Pero el australiano se había jurado terminar, y con una sangre fría increíble aguantó el dolor y llegó a la meta ante el asombro de la gente. No obstante, no pudo tomar la salida al día siguiente y aplazó sus éxitos hasta el 2005. Sigue...