Andy Caldecott estaba más cerca del motero aficionado, al que le gusta estar junto a su montura oliendo a gasolina y cuidando personalmente de su motor, que del motociclista profesional que se prepara a conciencia para cada una de las pruebas.
De 41 años, casado con Tracy y con una hija de año y medio, Caitlin, sus participaciones en el Dakar han llegado siempre a última hora y casi sin ninguna preparación. De hecho, este año llegó a Lisboa apenas seis días antes de arrancar el raid. Aí era él, imprevisible y autónomo. Sigue...