Fue con la ya centenaria camiseta del Sporting de Gijón con la que David Villa empezó a despuntar. En el Molinón, el menudo delantero se ganó el favor de la grada por su pundonor y esfuerzo sin límites. También por sus goles, claro, porque en las dos temporadas que disputó con el primer equipo rojiblanco consiguió marcar treinta y nueve goles en los setenta y ocho encuentros que disputó.
Esos mismos tantos que casi devuelven al Sporting a Primera División llamaron poderosamente la atención de varios clubes de la máxima categoría aunque finalmente fue el el Zaragoza quien en la temporada 2003-2004 apostó con mayor firmeza por el guaje y su capacidad realizadora. En la capital maña, Villa sembró los frutos que hoy recoge. Sigue...
La buena salud de la cantera española: