Un postrero gol de Rooney, autor de dos dianas en una noche inolvidable, hizo justicia y dejó al Manchester una mínima ventaja en las semifinales de la Champions (3-2) ante un Milan que fue muy inferior pero tuvo en Kaká a un jugador excelso.
El brasileño exhibió todas sus virtudes con dos golazos que retrataron a una defensa de circunstancias por culpa de las bajas. Durante muchos minutos, sólo Kaká se las ingenió para sembrar de miedo el "Teatro de los Sueños".
El 3-2 final define lo que fue un soberbio espectáculo y deja todo pendiente de lo que ocurra la próxima semana en un San Siro desbordante.