No hay basura en Paragon. Ni en la acepción amplia -mugre, desperdicio, sedimento- ni en cualquier acotación reduccionista -mancha, pringue, churrete, mota de polvo-. Nada.
La futura oficina de Fernando Alonso, el centro tecnológico de McLaren, podría presentarse a cualquier concurso de salud laboral por inmaculado, impoluto, pulcro. El doble campeón del mundo va a trabajar en 2007 en algo parecido a un laboratorio gigante o un plató de televisión. Nada que ver con la imagen que se tiene de una fábrica.