Otro de los que tampoco ha podido resistirse a la tentación de la aguja ha sido Michael Schumacher. El heptacampeón mundial de Fórmula 1 un buen día decidió tatuarse un tribal en su brazo derecho y ahora lo luce hasta la saciedad, eso sí, fuera de los circuitos.
Porque el deporte tiene un lado freak...: