La segunda mitad tuvo tanta emoción y buen fútbol como la primera. Zaragoza y Espanyol se intercambiaron golpes como púgiles, y los porteros tuvieron que esmerarse. Ewerthon estuvo a punto de empatar, y el Espanyol también tuvo ocasiones para sentenciar la final. Poco después lo conseguiría.
Lotina y Víctor se desgañitaron en sus banquillos, y sus equipos no dudaron en buscar en cada acción a sus hombres con más fútbol: Cani en el Zaragoza y De la Peña en el Espanyol. Cuando el cuero caía en sus pies, la sensación de peligro se multiplicaba.