Su transferencia a la NBA no fue flor de un día. Después de curtirse entre España e Italia, el viaje a la mejor liga del mundo era cuestión de tiempo. Sin embargo, por si una dilatada y exitosa trayectoria no fueron suficientes, sus dos últimas temporadas en Málaga, liderando al vigente campeón, el Unicaja, terminaron de convencer a los ojeadores norteamericanos.
La participación de Garbajosa en los títulos malagueños -Copa del Rey en el primer año y Liga en el segundo- fue decisiva. La afición se lo reconoció y por ello a nadie le extrañó que durante los festejos ligueros la hinchada local cantara a coro aquello de "Garbajosa, quédate". No pudo ser, pero el recuerdo que dejó en la Costa del Sol no se borrará en algunos años.