Que el ciclismo no pasa por sus mejores momentos, todos lo sabemos... Pero la ilusión de que este deporte vuelva a ser el que era y se deje de tanta polémica, tantas mentiras y tanto doping, nos hace seguir amando el esfuerzo que, unos pocos, ponen para devolvernos la fe en el deporte más sacrificado, quizás, de los que existen.
Lejos quedan los años en los que las bicicletas eran más aparatosas que prácticas pero, para la ocasión, Laiguana ha querido endurecer más esta práctica, sentando, a los mandos de esta tétrica bicicleta, a José Antonio Escuredo. Él será uno de los baluartes que luchen por la gloria...
ESPECIAL:Un calendario muy solidario