El año 2000 sería la fecha elegida para dar el salto a profesional. Y no le fue nada mal ya que, un año después, conseguía colocarse entre los 50 mejores jugadores del mundo. ¿La suerte del principiante? Para nada... En el 2002 ratificaría su valía dentro de la pista al hacerse con los títulos de Estoril y Basilea y convertirse en el primer jugador que, en su primera participación, llegaba a la final del prestigioso torneo de Wimbledon.
Se convertía así en el mejor jugador de tenis argentino, lo que le valía su debut en la Copa Davis, donde consechó una victoria en dobles y una derrota frente al ruso Marat Safin. Se empezaba a escribir la leyenda...