Sí, no lo duden, lo que ven en los ojos del, hasta ayer impenetrable, hombre de hielo, no es otra cosa más que lágrimas. Fueron pocas pero sí que es cierto que los lagrimones por la hazaña conseguida recorrieron las mejillas del finlandés justo después de cruzar la meta y de proclamarse, contra todo pronóstico, Campeón del Mundo de Fórmula 1 2007.
En este deporte hay que aprovecharse de todo, sobre todo de los momentos de crisis de los contrincantes y Raikkonen supo hacerlo. Desde el primer momento se propuso conseguir lo imposible y... ahí le tienen, más contento que unas pascuas. Parece ser que el chico rompemotores sabe pilotar y, por supuesto, vencer la adversidad, pero es que luchaba con zipi y zape...