26 de Agosto de 2007
Nos lo pudo contar de milagro... Y es que la violencia deportiva ha llegado a unos límites nunca vistos. El caso es que el jugador paraguayo regresaba con su equipo, el Olimpia, de disputar un partido frente al Sportivo Trinidense por el torneo Clausura local, un equipo modesto con el que empataron a 0.
El disgusto de los aficionados por el resultado fue tal que, uno de ellos, ni corto ni perezoso, disparó con una 22 una bala contra el autobús que transportaba a los jugadores. De milagro, la bala pasó entre Acuña y otro jugador, causándoles, solamente, heridas leves producidas por la rotura de cristales. Podríamos haber estado ante una verdadera tragedia...