La reina del atletismo ha perdido su trono. La velocista estadounidense Marion Jones devolvió sus cinco medallas olímpicas ganadas en los Juegos de Sydney 2000, tras reconocer ante la Justicia que mintió sobre el consumo de esteroides.
Jones se derrumbó y finalmente admitió haber mentido al FBI que investigaba si había consumido esteroides antes de participar en la cita olímpica. En Sydney 2000, Jones se adjudicó las pruebas de los 100 y 200 metros lisos, y fue parte del equipo que se llevó el oro en los relevos de 4x400. Además, consiguió el tercer lugar en el salto de longitud y de los 4x100 metros.
Las cinco medallas pasaran a manos de las mujeres que en el 2000 quedaron en los puestos posteriores a Jones. Y es que las medallas que consiguió en su día no fueron legales. Los aplusos y los reconocimientos que se le dedicaron no debían haber sido para ella. Una mentira que ha mantenido durante siete largos años, en los que, sin merecerlo, era considerada la reina de la pista.