Eso de darle patadas a la pelota en la cancha con sus amigos dejó de ser un juego para pasar a ser una ilusión, un sueño, un posible futuro por delante. La primera oportunidad llegaría muy pronto y de manos de uno de los mejores equipos de nuestro país, el FC Barcelona. Cuando sólo tenía 12 años, recién cumplidos, el Barça se fijó en él y le propuso pasar a formar parte de los equipos juveniles.
En un principio a la familia Capel le costó decidir la conveniencia o no de dejar marchar al pequeño, a otra ciudad y alejado de sus familiares y de su casa. Tras meditarlo y convencerse de que era una gran oportunidad, el pequeño Diego marchó a Barcelona desde donde, un año después, volvería a su casa. No pudo adaptarse a la vida alejado de su familia e, incluso, se convirtió en un chaval triste y sin ánimo. El regreso le traería grandes momentos...
La buena salud de la cantera española: