No fue fácil convencerse a sí mismo de que él podría llegar a ser uno de los grandes que, día a día, competición a competición, ponían su integridad física y su fuerza al servicio de las victorias y los cinturones que acreditan al vencedor. Pero Ricardo, su descubridor y posterior entrenador, supo desde el primer momento que Castillejo tenía las cualidades necesarias para ser unos de los más grandes en este deporte.
Para motivarle aún más y facilitar la decisión definitiva, Castillejo comenzó a entrenar nada más y nada menos que con otro grande, uno de los más reconocidos en nuestro país: Poli Díaz, ''el Potro de Vallecas'' del que aprendió las técnicas de este deporte y, sobre todo, aprendió a admirar el sacrificio y la lucha que lleva intrínseco. Había nacido una estrella...