Aún no sabemos cuántos petit suisses compraban el matrimonio Gasol para alimentar a sus churumbeles, pero de que eran muchos, estamos seguros... El caso es que una gélida tarde de 1985 llegaba a la ciudad condal un pequeño que se convertiría en la alegría de la casa y en el compañero de juegos de otro ''gran'' pequeño, Pau Gasol.
Desde muy pequeño su estatura no era la de un niño normal, aunque visto lo visto con el hermano mayor, de poco les valía a los Gasol el asustarse. Y como de lo que se ve se aprende, Marc se empapó muy pronto de la pasión de Pau por un extraño juego que consistía en meter un balón en un aro, algo que con el tiempo, descubriría que era su pasión; el baloncesto...
La buena salud del baloncesto español: