La temporada siguiente, la 2004-2005, fue la de su consagración. Al lado de un todoterreno como Patrick Vieira, Cesc pudo aprender el oficio de mediocentro y comenzó a cimentar el respeto que hoy le tienen en Inglaterra. Ese año debutó con goleada (1-4) en la Premier ante el Everton en el primer partido liguero, se estrenó como goleador en Primera ante el Blackburn Rovers, sumó minutos en la máxima competición después de disputar veinticuatro partidos y llevar al equipo al subcampeonato. Por si fuera poco, debutó en la Liga de Campeones y se dio el lujo de anotar su primer tanto en la máxima competición continental ante el Rosenborg en una fría noche europea.
No se quedó sólo ahí. Ese año Cesc se hizo más futbolista. Sufrió con los rigores físicos y tácticos de la Premier y fortaleció su cuerpo. Su visión de juego y su llegada a puerta, sin embargo, se mantuvo, logrando que, sumando todas sus cualidades, se convirtiera en una pieza fija para en entrenador francés. Sólo de este modo puede entenderse que al término de la temporada Wenger aprobara el traspaso de Vieira a la Juventus y se quedara con un valor de futuro como el mediocampista español. El tiempo le acabó dando la razón.
La buena salud de la cantera española: