Tras acudir al Mundial de Alemania 2006, Cesc Fábregas deberá competir con Xavi, el hombre en el que más se fijaba cuando aún estaba en La Masía, por hacerse con un hueco en el once de Aragonés. Será una gran responsabilidad, pero nada que pueda asustar a un futbolista que ha dado muestras sobradas de que no hay reto que le asuste.
Está claro que lo suyo es derribar mitos. Ya tiró el de que un chico de dieciséis años no puede triunfar en el extranjero, el de que un joven menudo nunca triunfaría en la Premier League o aquel que señalaba que sin Vieira al lado no alcanzaría el mismo nivel que con él de escudero. Son todo opiniones. Lo que sí está claro es que Cesc está marcado por el éxito.
La buena salud de la cantera española: