Nació en el 80, una calurosa noche de agosto en un más que caluroso Jerez de la Frontera. Como todo hijo de vecino, desde muy pequeño empezó a darle patadas a un balón y a soñar con convertirse en un gran futbolista. Sí, alguna que otra vez todos los chavales tienen ese sueño pero para Güiza era algo más, él realmente luchó por ello.
En el patio de su casa gaditana disputaba partidos con sus colegas y soñaba, entre bocata y bocata de nocilla, con ganarse la vida metiendo goles. Sus padres le dejaron soñar y... no se equivocaron porque aquel niño que pegaba patadas al balón, se convirtió, con el paso de los años, en un hombre que vive por y para el fútbol. Los sueños se consiguen... ¿qué no?...
La buena salud de la cantera española: