Su vida daría un giro inesperado cuando, con tan solo 18 años y, en la primera vez que se vestía de rojo para defender la camiseta española junto al resto de jugadores de la Sub-19, Silva se convirtió en el jugador más valioson la figura principal del cuadro que, en 2004, se hizo con el máximo galardón, el Europeo de Selecciones sub-19.
Este logro y su gran trabajo como centrocampista, así como el nivel de juego desplegado por el canario, le valieron una lluvia de ofertas de cesiones a otros equipos, en los que poder dar rienda suelta a sus genialidades y poder progresar como futbolista. De este modo, las ofertas que recibió le llevaron a militar en dos grandes equipos españoles, primero en el CD Eibar, con el que militó en segunda división y, posteriormente, en el Celta de Vigo, con el que jugaría, eso sí, en Primera División. Se empezaba a escribir la historia de uno de los grandes.
La buena salud de la cantera española: