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Bajar para subir corriendo


Después de su irrupción en la Primera División, Sergio Agüero estuvo varias temporadas a la sombra. La convulsa vida social y deportiva del club de Avellaneda no le ayudaron a asentarse en el primer equipo del Rojo y el jugador desapareció del mapa. Los técnicos del club decidieron que el joven mediapunta regresara a las categorías inferiores para que, pasado un tiempo, pudiera afrontar de nuevo el salto a la máxima categoría. Lógicamente, éste tendría lugar cuando sus condiciones físicas le permitieran competir con los más grandes con todas las garantías.

De esta manera Agüero fue entrando en las convocatorias y en los equipos titulares de Independiente, asentándose paulatinamente en el fútbol profesional. En este regreso a la elite resultó determinante la fuerte personalidad del mediapunta. El Kun Agüero, pese a ser un recién llegado, nunca cambió su manera de jugar, buscó con alegría, como siempre, al rival y se prodigó en regates imposibles que casi siempre eran saludados con dureza por los rivales. A él parecía no importarle. Siguió jugando y jugando a su manera y pronto llegaron los grandes titulares y los halagos de los más grandes. El Kun había llegado a lo más alto y, ahora sí, estaba dispuesto a quedarse.

  • A FONDO: Leo Messi, hambre de gloria
  • DESCUBRIMOS: Promesas argentinas