Ramón Calderón y Pedja Mijatovic tenían a Arjen Robben metido entre ceja y ceja. El extremo izquierdo holandés, promesa electoral y ferviente deseo del actual presidente madridista, estaba listo para salir de la niebla en que se ha sumido su carrera en Londres para dar el salto a la claridad de la Liga española. Y ese momento, por fin ha llegado, previo pago de 36 millones de euros.
Bernd Schuster lo quería en su equipo. Él quería venir. Calderón le espera desde hace un año. Y sólo Mourinho parecía empeñado en frustrar las esperanzas de la parroquia blanca de ver en acción a un extremo de los de antes. De esos que llegan a la línea de fondo y la ponen. Como mandan los cánones.