Arjen Robben compareció con Holanda en el Mundial de Alemania 2006 con la intención de consagrarse. Estuvo cerca de hacerlo de no haber sido porque Portugal se cruzó en su camino en un partido sucio y marrullero que acabó con los nervios tulipanes y su consiguiente eliminación.
Hasta llegar a ese trance, Robben deslumbró con sus cabalgadas por la banda. En el partido inaugural de su Selección, marcó un gol que sintetiza a la perfección todas sus cualidades y si bien pudo ponerse con aquella actuación ante Serbia y Montenegro el listón demasiado alto, su participación en Alemania no pasó desapercibida para nadie.