A pesar de su posición en banda izquierda, el francés Zinedine Zidane fue uno de los jugadores blancos que más peligro llevó a la portería británica. Con un Raúl muy desacertado y lento en su labor como enganche con Ronaldo, el astro galo fue el encargado de construir el juego madridista. No es de extrañar que de sus botas naciera una de las mejores ocasiones madridistas cuando, en el minuto 28, en una rápida triangulación con Ronaldo, dejaron el balón a un Beckham que, incomprensiblemente, no se atrevió a chutar a puerta. Ahí murió la jugada y los intentos merengues en la primera mitad.
Enfrente, sin embargo, Reyes y, sobre todo, Thierry Henry parecían empeñados en ampliar su ventaja. Efectivamente, casi lo consiguen en el minuto 42 cuando Sergio Ramos, inpreciso toda la noche, no acierta a despejar un pelotazo aéreo y deja sólo al francés a diez metros de la portería de Casillas. Cuando parecía que Henry pondía la directa hacia el área, la estrella de los Gunners vio la entrada solitaria del delantero sevillano en la otra banda y le dejó el balón limpio, despejado, para que lo estampara en el larguero. Con el susto en el corazón madridista se llegó al descanso.