El equipo de Arsene Wenger salió al partido muy motivado, y con intención de ponerse por delante lo antes posible. Cesc se hizo con el mando del centro del campo, y el Villarreal se vio superado en todas las facetas. La presión de la grada se notaba en el césped y los castellonenses tardaron varios minutos en quitarse de encima el acoso inglés.
Riquelme, la gran esperanza del Villarreal, no conseguía hacerse con el balón para armar el juego de los españoles. Por suerte para los suyos, el argentino fue imponiendo poco a poco sus galones y el equipo mejoró bastante.