El Barça no se desperezó al inicio de la segunda parte. Quizá por autocomplaciencia, quizá por tener la mente más puesta en la Liga de Campeones, quizá por no sentir la necesidad imperiosa de ganar, sea por lo que sea, está claro que el conjunto de Rijkaard no saltó en la segunda parte a 'comerse' al Real Madrid.
Saltaron, eso sí, pero sin imprimirle al juego la velocidad que podría haber desestabilizado a un Real Madrid con diez que se agarraba a las galopadas de Ronaldo para 'pescar' en río revuelto.