Todo pintaba de cara muy de cara para el F.C. Barcelona. Dominaba el balón, controlaba el centro del campo y el Real Madrid parecía incapaz de encontrarle la vuelta al equipo de Rijkaard.
Por si fuera poco, con el uno a cero en contra, Roberto Carlos se borraba del partido al entrar con dureza a Larsson y acumular, en tan sólo tres minutos, su segunda tarjeta amarilla. El Camp Nou acompañaba con sorna la salida del brasileño del terreno de juego.