Los primeros compases del segundo tiempo sólo tuvieron un color, el rojo del Benfica. Gran parte de 'culpa' tuvo la entrada en juego del pequeño delantero italiano Miccoli. Él sólo se bastó, con sus carreras, regates y empujones sobre los jugadores azulgranas, para volcar el juego sobre el área de Valdés. Así llegó, a los cincuenta minutos de partido, el disparo de Petit que salió fuera por poco y que la afición celebró con entusiasmo. Y es que el Benfica tiene una gran hinchada que sufre con la incapacidad atacante de su equipo.
Esa falta de acierto condenó a los lusos y devolvió el mando a los de Rijkaard. Prueba de ello fueron los dos disparos que, primero Larsson y luego Motta, estrellaron sobre el palo de la portería de Moretto. Con todo, el partido se metía en un ida y vuelta peligroso para ambos equipos.