Una vez más, el carácter del alemán influía en exceso. En 1986, cuando fue cambiado en la final de la Copa de Europa de 1986 que disputaban Barça-Steaua de Bucarest, se marchó del Sánchez Pizjuán enfadado; un año más tarde, estuvo una temporada sin jugar por enfrentarse a Josep Lluis Núñez; en 1982, cuando nació su hijo, decidió abandonar la selección.
Su forma de ser provocaba temor entre sus compañeros, incluso cuando tuvo la oportunidad de volver a la selección. En 1994, enrolado en las filas del Leverkusen y machacado a sus 34 años, Schuster ofrecía clases magistrales de dirección de juego. La prensa y la afición pedían su vuelta, pero la Federación no se atrevió por miedo a un motín de sus compañeros.
El mundo del fútbol sólo habla de ellos: