Con el paso de los años, el irascible y exquisito centrocampista ha limado su forma de ser. Se ha convertido en una persona más cerrada, centrada en su familia (a la que se asoció con la iglesia de la Cienciología) y en triunfar en el plano profesional.
En sus dos temporadas en el Getafe, lo ha logrado. Schuster ha demostrado su capacidad de sacar el máximo rendimiento a dos plantillas que eran como el día y la noche. Ha conseguido situar las dos veces a los "azulones" entre los diez primeros (novenos) y casi calca la misma puntuación en ambos curso (52 en el primero y 54 en el segundo). Además, se proclamó subcampeón de la Copa del Rey. Y se marchó del Bernabéu indignado con el árbitro Rodríguez Santiago.
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