Desde aquella mágica noche de septiembre, Bojan ha dejado de ser la promesa, el chaval de la cantera, a formar parte del primer equipo y codearse con las primeras figuras del cuadro catalán. Cada partido se sienta en el banquillo esperando que su entrenador, Frank Rijkaard, le de unos minutos.
Sin duda esto no ha hecho más que empezar puesto que Bojan se ha configurado como uno de los delanteros que, en un futuro no muy lejano, derroche su magia para darle al Barcelona los títulos que ansía.