A la selección holandesa se le ha acabado la patente de su color naranja, toda una tradición en el fútbol mundial. Primero fue el Valencia el que apostó en su segunda indumentaria por un tono fluorescente, algo ciertamente justificable por los cítricos que caracterizan a la capital del Turia.
Pero lo que tiene poca explicación es que ahora el Barcelona use una camiseta muy similar, después de la división de opiniones que generó su uniforme amarillo chillón de la 2005/2006. En fin, cosas del marketing.