Como viene siendo habitual en este tipo de celebraciones, el Sevilla se trasladó por las calles en un autobús con el techo descubierto y decorado para la ocasión.
Los jugadores se lo pasaron en grande en su paseo triunfal, y no dudaron en bailar, cantar y hacer todo lo que se les pasó por la cabeza en esos momentos tan especiales. La ciudad estaba entregada.