El 'Submarino Amarillo' sabía que la victoria iba a costar y se preparó para sudar, un poco más, la camiseta. Aferrados al contragolpe, los castellonenses no dejaban a los hombres de Mancini asomar la cabeza ni meterse en el partido y por ahí comenzó a fraguarse la clasificación.
Un pase a semifinales que irá irremediablemente ligado a la imagen de Sorín sangrando a borbotones en el área milanista. Un codazo impune de Materazzi -que debió ser penalti- tuvo la culpa de que el argentino tuviera que retirarse con el ojo ensangrentado. A buen seguro, se trata de un dolor que no habrá importado soportar al capitán de la albiceleste.