El miedo ha sido la nota dominante de los compases iniciales del encuentro. Con los dos equipos plantados sobre el césped con todas sus estrellas, el temor a perder ha pesado, y mucho, en las dos filas. Eso ha privado a un Madrigal lleno hasta la bandera de un espectáculo futbolístico a la altura de la vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones. Pero claro, a falta de fútbol, se ha vivido mucha emoción.
A diferencia del partido de ida, el portugués Luis Figo sí ha podido saltar al campo. El ex madridista, junto a Recoba y Adriano han sido las principales amenazas de un Inter al que no le ha incomodado no tener la posesión del balón. De ellos era la ventaja y no tenían por qué impacientarse. Dejaban las prisas a un Villarreal que no encontraba el camino a la puerta de Toldo, en gran parte porque no encontraba a Riquelme. Y el argentino es el termómetro del Submarino Amarillo.