La recepción a la selección francesa parecía más un funeral que un acto de felicitación por su buen resultado en el Mundial. Es cierto que perder una final por penaltis puede acabar con la moral de cualquiera, pero seguro que todos los franceses hubiesen firmado ser segundos antes de comenzar el campeonato.
Pese a la buena imagen que han dado, ni Henry, ni Makelele, ni Ribery, ni sus compañeros han dejado escapar una sonrisa de su rostro. Con el tiempo valorarán más lo conseguido.